Arafo entre la naturaleza y la tradición

El municipio de Arafo bien puede definirse como una franja que se extiende desde la cumbre hasta el mar, coloreando de matices cada una de sus esquinas y alturas. Contrasta su escaso litoral, donde están la playa de la Viuda y la de Lima, con sus grandes espacios de medianías y extensos montes. Esta particularidad hace que, lejos de parecerse a Candelaria, donde el peso tradicional recae en los recursos pesqueros, Arafo se deba a la explotación agrícola de sus espacios rurales, montes y cumbres, existiendo un hondo acervo popular en las actividades relacionadas con el campo (vino, mieles, frutales, quesos, papas y tantos otros productos agropecuarios). Por esta razón gran parte del territorio arafero está protegido bajo el epígrafe legal del Paisaje Protegido de Las Siete Lomas que prevé estrategias deconservación e implementación de la típica agricultura de autoabastecimiento de tipo rudimentario, escasa mecanización y profunda raigambre cultural. La desigual relación entre el monte y las zonas de cultivo, en detrimento de la primera, ha dado lugar a impresionantes habilidades mediante el abancalamiento escalonado, la existencia de redes de senderos y pistas,y las destrezas económicas para potenciar la selección de recursos forestales. Este municipio sureño cuenta con un soberbio barranco que atraviesa toda su longitud desde la Dorsal de Pedro Gil hasta la costa. Se trata del barranco de Añavingo, gran accidente geográfico que vertebra la historia de la comarca, desde sus inmemoriales fuentes hasta sus endemismos naturales. Mientras que el mirador de Chivisaya, en la carretera de Los Loros, y la zona recreativa de Los Frailes, son dos emblemas desde los que poder disfrutar de la ruralidad y el pinar araferos, los grandes hitos geológicos como el Volcán de las Arenas, la Caldera de Pedro Gil y el Pico Cho Marcial son distintivos identitarios que coronan la gran cabecera montañosa de este municipio.